26 sept. 2011

Madre de Dios Grusinskaya


por manos de Natalia Gortchacow
2011


1 comentario:

  1. Flora, una alumna que aún balbucea tímidamente...las líneas y los colores de los íconos de su maestra...27 de octubre de 2011, 7:02

    Natalia, gracias... por este lindísimo espíritu que impregna la tarea del Taller y que rezamos en común...

    Señor, en toda labor de mis manos,
    deja una gracia de ti para hablar a los otros,
    y una falta mía para hablar de mi mismo.

    Me uno a Juan Pablo II con estas palabras...

    "La auténtica intuición artística va más allá de lo que perciben los sentidos y, penetrando la realidad, intenta interpretar su misterio escondido. Dicha intuición brota de lo más íntimo del alma humana, allí donde la aspiración a dar sentido a la propia vida se ve acompañada por la percepción fugaz de la belleza y de la unidad misteriosa de las cosas. Todos los artistas tienen en común la experiencia de la distancia insondable que existe entre la obra de sus manos, por lograda que sea, y la perfección fulgurante de la belleza percibida en el fervor del momento creativo: lo que logran expresar en lo que pintan, esculpen o crean es sólo un tenue reflejo del esplendor que durante unos instantes ha brillado ante los ojos de su espíritu.

    El creyente no se maravilla de esto: sabe que por un momento se ha asomado al abismo de luz que tiene su fuente originaria en Dios. ¿Acaso debe sorprenderse de que el espíritu quede como abrumado hasta el punto de no poder expresarse sino con balbuceos? El verdadero artista está dispuesto a reconocer su limitación y hacer suyas las palabras del apóstol Pablo, según el cual «Dios no habita en santuarios fabricados por manos humanas», de modo que «no debemos pensar que la divinidad sea algo semejante al oro, la plata o la piedra, modelados por el arte y el ingenio humano» (Hch 17, 24.29). Si ya la realidad íntima de las cosas está siempre «más allá» de las capacidades de penetración humana, ¡cuánto más Dios en la profundidad de su insondable misterio!"

    Carta a los artistas, Juan Pablo II

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